Todavía no he conseguido enterarme si fue la polea de ventilación, la pérdida de líquido refrigerador o el mal funcionamiento de otro artilugio del coche, el causante de mi obligada parada en LUMA. Soy especialista en sufrir averías en lugares inhóspitos.
Situado en las estribaciones de la sierra que da entrada a la ciudad, el pueblo de LUMA pasa desapercibido para el común de los viajeros. Ninguna guía lo nombra, pues carece de hoteles, atracciones y comodidades propias del turismo de esta época.