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14 dic 2014

El invierno es bello

A pocos días de comenzar el invierno las nubes embellecen los atardeceres de Cádiz. Hace un frío suave y la mar está picada. Me gusta pasear en esos momentos de la tarde y disfrutar de las nubes sobre la ciudad que refuerzan el toque de misterio y antiguedad que ya de por sí tiene Cádiz.
Playa de Santa María, Cádiz

1 nov 2014

Hasta los bloques resultan bellos

Hacía tiempo que no paseaba por los espigones de la Punta de San Felipe: Aproveché que el cielo estaba azul y el viento de Levante soplaba cálido y suave, para disfrutar del lugar. Bajé a los bloques y me entretuve un buen rato observando a quienes pescaban pacientemente, con la imagen del Cádiz antiguo al fondo. El mar, muy tranquilo.

19 oct 2014

Atardecer en Cádiz

Me gusta caminar antes de la puesta de sol por el paseo de la playa de Santa María.
Con el fin del verano, la huida de los turistas, la desaparición de los chiringuitos a pié de mar y la subida de las mareas, la playa vuelve a su ser.
Nunca me canso de las vistas, pues cada día el paisaje es diferente. A veces las nubes se colorean de tonos imposibles y la ciudad, al fondo, se muestra como una pintura inacabada e irreal.
Las cabezas de los surfistas en el agua -que disfrutan del mar todo el año- y la poca gente paseando por la playa, ponen un toque de sosiego que se trasmite a los paseantes que esperan el ocaso.
Puestas de sol desde la Playa de Sta. María. Fotos hechas con el móvil

10 sept 2014

Cádiz plácida

La vida en Cádiz transcurre plácidamente monótona. No hay distancias, ni prisas en esta pequeña ciudad. El mar está en la puerta de casa y la puestas de sol no dejan de sorprenderte cada día. Corre una brisa suave y 
cálida. Puro disfrute. ¡Qué más se puede pedir!

7 sept 2014

Pompas de jabón

Mural en una tapia del colegio San Felipe Neri. Foto hecha con el móvil.



















A veces pienso que Cádiz se asemeja a las pompas de jabón. No puedes apartar la mirada de ellas pero son tan frágiles que en cualquier momento pueden desaparecer.  
Esta ciudad tan antigua y bella, tan cargada de historia, con tantos secretos y tesoros a flor de piel, ni siquiera se atreve a vivir de sus recuerdos, del esplendor de aquellos días ya pasados y olvidados.
Esta ciudad necesita un revulsivo, gentes con ideas, con sueños, con agallas y ganas de trabajar, de dar más que de recibir, que suba a las torres miradores y pierda su vista más allá del horizonte, que el mundo no se acaba en Puerta de Tierra.
Ya lo decía Alberti:
“Cantad alto. Oiréis que oyen otros oídos.
Mirad alto. Veréis que miran otros ojos.
Latid alto. Sabréis que palpita otra sangre”